Un grupo de diputados nacionales de la oposición tiene previsto viajar la semana próxima a Brasil con el objetivo de abrir un canal de diplomacia parlamentaria entre ambos países tras la inédita ruptura de relaciones que se dio por los reiterados insultos de Javier Milei a Luiz Inácio Lula da Silva y su decisión de involucrarse en el proceso electoral brasileño al participar del acto de lanzamiento de Flávio Bolsonaro.
La misión parlamentaria, que será encabezada por Nicolás Massot (Encuentro Federal), constituye la primera iniciativa política relevante frente a la actitud del jefe del Estado argentino. En Brasilia, la delegación será recibida por el senador Nelson Trad, del PSD, quien preside la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional (CRE) del Senado Federal, según una publicación del sitio UOL. Asimismo, los parlamentarios argentinos mantendrán reuniones en Itamaraty.
“La política exterior no puede depender de las afinidades personales de su presidente”, dijo Massot en redes sociales.
El bloque del oficialista La Libertad Avanza (LLA) fue invitado, pero no participará en la visita. Massot afirmó haber informado al canciller argentino Pablo Quirno sobre la iniciativa, pero no obtuvo respuesta.
El gesto de los parlamentarios argentinos demuestra que los ataques de Milei contra el presidente Lula no cuentan con respaldo interno.
La crisis bilateral se originó cuando el presidente argentino aprovechó su participación en la convención nacional del Partido Liberal (PL) —donde se confirmó la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro para las elecciones presidenciales, previstas para el 4 de octubre próximo. Milei se refirió a Lula como “el presidiario” y también atacó verbalmente al magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes, a quien el argentino calificó de “basura calva”.
Tras ese acto de campaña con el hijo de Jair Bolsonaro, Milei intensificó sus críticas a su par brasileño en un raid mediático. Volvió a calificarlo de “ladrón” y “presidiario” y explicó que la condena a Lula fue anulada por un “error administrativo” de la justicia de ese país, sin demostrar la inocencia del mandatario brasileño. “Tengo formas horribles, pero digo la verdad”, se justificó Milei, sin ánimo de reconstruir el vínculo. Y se metió de lleno en la campaña local: “Esperemos que Brasil también se pinte de azul, por el bien de los brasileños. Sacarse a los corruptos y chorros de encima siempre es bueno, sacarse a los zurdos de encima siempre es bueno”.
La actitud del jefe de Estado argentino llevó al gobierno brasileño a llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli. Lula decidió mantener a Bitelli en Brasil, probablemente hasta después de las elecciones presidenciales, y también reducir el nivel de las relaciones. Bitelli tiene más de 22 años en distintos grados de conexión con la Argentina y fue el representante de su país ante distintos gobiernos.
En este sentido, se comunicó al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, que el vínculo bilateral se rebajaría al nivel de encargado de negocios, una forma habitual en la diplomacia de invitar a un embajador extranjero a abandonar el país. La respuesta de Brasilia no registra antecedentes en la historia reciente, al menos desde el retorno de la democracia al país, en 1983.

