Las amplias sonrisas del canciller Pablo Quirno y el ministro de Comercio neocelandés, Todd Mc Clay, lo decían todo. El responsable de la diplomacia nacional entregaba ese miércoles al funcionario de Nueva Zelanda, en los márgenes de la reunión de la Ocde en París, la carta de intención con el pedido de incorporación argentina al Tratado Transpacífico, un acuerdo de libre comercio que incluye a 12 países y abarca nada menos que al el 13 por ciento del comercio mundial. El objetivo del pedido, escribió el canciller, fue claro: “integrarnos a uno de los acuerdos comerciales más amplios, modernos y dinámicos del mundo”.
La euforia del Gobierno, que incluyó al presidente Javier Milei y se manifestó en múltiples posteos del ejército digital que responde al asesor presidencial Santiago Caputo, contrastó con la sorpresa con que la noticia se recibió en Brasilia, Montevideo y Asunción. Sin información previa sobre la iniciativa argentina, desde Brasil, principal socio en el Mercosur, apenas disimularon su malestar, y manifestaron fuera de micrófono su resquemor en relación a los efectos de la eventual incorporación argentina a un bloque que, entre sus doce países miembro, integra el Reino Unido, contendiente en el diferendo diplomático por la soberanía de las Islas Malvinas.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el presidente de Argentina, Javier Milei, juntos mientras se ubican para la foto de grupo con otros mandatarios que asistieron a la cumbre del Mercosur que se realizó en Buenos Aires, Argentina, el 3 de julio de 2025 (AP Foto/Natacha Pisarenko)Natacha Pisarenko – AP

