El Presidente explora la salida del laberinto en el que está. Esa infame dificultad la crearon sus propios allegados, no su opositores fragmentados ni sus amigos complacientes. Sea como fuere, en los últimos días pareció abrirse un tiempo en el que los protagonistas de la interminable lucha interna decidieron jugar a todo o nada. Javier Milei es impotente ante esas discordias: no quiere prescindir de su principal asesor, Santiago Caputo, porque el jefe del Estado reconoce cierta dependencia política y electoral con respecto de su colaborador, y porque nunca excluirá del gobierno libertario a su todopoderosa hermana, Karina, que es en los hechos la jefa política de la administración.
Ellos son los generales de la batalla perpetua. En la única franja del gobierno federal donde Karina no manda es en la economía, un territorio exclusivo y excluyente del propio Milei y de su ministro de Economía, Luis Caputo. Tampoco Santiago Caputo se atrevió nunca a hurgar donde mandan el Presidente y su tío. Por eso, es entre las costuras política donde se libra la guerra interna entre uno de los hombres más fuertes de la administración y la no menos influyente hermanísima. Dicen quienes hablan con Santiago Caputo que este se cansó de que el karinismo anduviera difundiendo su próxima finitud política. Fue él quien decidió meterse en el campo de batalla para matar o morir.
Martín Menem y Santiago CaputoAlfredo Sábat

