viernes, abril 17, 2026

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Jaldo, el gobernador que camina entre la gente y lucha contra el narco

En una provincia donde la política muchas veces se expresó desde los escritorios, la figura del gobernador Osvaldo Jaldo se recorta por su singularidad: un mandatario que camina entre la gente, que recorre el interior profundo sin custodias ostentosas y que, en lugar de blindarse, elige exponerse. Esa exposición no es solo física, sino también política. Y en las últimas semanas quedó más claro que nunca.

La intervención del municipio de Juan Bautista Alberdi fue un punto de inflexión. Por primera vez en más de dos décadas, un gobernador tucumano firmó un decreto de necesidad y urgencia para remover a un intendente y suspender el funcionamiento institucional de todo un municipio. No fue una decisión sencilla ni liviana: detrás están las sospechas —y en algunos casos, evidencias— de vínculos entre funcionarios locales y redes de narcotráfico. “Aquí en Tucumán se terminó la impunidad. Nadie tiene coronita”, repitió Jaldo una y otra vez.

Pero más allá del impacto institucional, lo que resulta central es lo que esa medida refleja: una voluntad política concreta de ir a fondo contra el narcotráfico, incluso cuando eso implique enfrentarse con sectores del poder territorial. “Como nunca antes, hoy tenemos condenas por narcomenudeo, sustancias secuestradas, y una policía equipada y con inteligencia criminal operando en todo el territorio”, explicó el gobernador al justificar la intervención.

El caso Alberdi no es solo un hecho puntual. Es también un gesto hacia el resto de la provincia: un mensaje de que los privilegios se terminan, que las estructuras que comercian con la muerte no tendrán resguardo ni político ni institucional.

Un robo, una postal de otra cosa

Y en ese contexto, un episodio menor —aparentemente anecdótico— terminó teniendo un enorme valor simbólico: el robo del celular al propio gobernador, durante una visita a La Cocha. No fue un hecho común. Fue un recordatorio de lo que significa gobernar con cercanía real.

Jaldo no lo ocultó ni lo minimizó. Tampoco sobreactuó. “No voy a reforzar mi seguridad. Fue un hecho aislado. Seguiremos caminando la provincia como desde el primer día”, dijo con claridad. Para quienes lo conocen, no sorprendió: esa ha sido su manera de hacer política desde que asumió.

A diferencia de otros liderazgos más distantes, Jaldo elige estar, conversar, abrazar, escuchar. Lo hace en actos multitudinarios y también en comunas pequeñas, donde las necesidades son muchas y la política suele llegar tarde. En ese ir y venir cotidiano, a veces con calor extremo o bajo la lluvia, construyó un vínculo directo con la gente. Y en ese vínculo, el robo del celular no fue una señal de debilidad, sino una postal de cercanía.

Lo que para algunos fue una anécdota desafortunada, para otros reveló otra cosa: que el gobernador no se esconde detrás de un despacho, ni se mueve con burbujas de seguridad. Que la política, para él, se ejerce cuerpo a cuerpo.

Entre la exposición y la firmeza

Jaldo sabe que la lucha contra el narcotráfico no se gana solo con leyes o discursos. Implica tocar intereses, mover estructuras enquistadas, desarmar complicidades históricas. Y eso incomoda. Su estilo —expuesto, directo, sin red— genera tensiones. Lo reconoce. Pero también lo asume como parte del rol que eligió ocupar.

La intervención de Alberdi fue una de las decisiones más fuertes de su mandato. No solo por lo que implica legalmente, sino por el mensaje político que lleva: que ningún territorio queda fuera del alcance del Estado, y que ningún funcionario, por más votos que haya obtenido, puede operar al margen de la ley.

La combinación entre decisiones de fondo y cercanía cotidiana lo convierte en un gobernador de alto perfil, con una exposición permanente que pocos asumen con tanta naturalidad. En tiempos donde la distancia entre la política y la ciudadanía parece ensancharse, Jaldo apuesta por lo contrario: acercarse, escuchar, y accionar.

El robo de un celular puede pasar. Lo que no pasa todos los días es ver a un gobernador que enfrenta al narcotráfico sin especulaciones, ni marketing, ni temor. Y que sigue recorriendo la provincia, como si todo eso fuera apenas parte del trabajo.


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